La condición humana de Mario Vargas Llosa

Último jueves de mayo en Paris, año 2013.

El anfiteatro Descartes de la Universidad de la Sorbona (Sorbonne, 1257) está sencillamente repleto. Al entrar hay un murumullo entre francés y español que deja entender que la conferencia magistral, Un bárbaro en París , título de la charla, va a ser suspendida por problemas técnicos, (cierto, hasta en La Sorbona esas cosas pueden suceder) mas no será así, Mario Vargas Llosa ha decidido hacer la charla sin micrófono.

Comienza uno de los encuentros más esperados por los estudiantes, en su mayoría de literatura, escritores hispanos o franceses, académicos extranjeros asimilados por la ciudad de Lutecia, fotógrafos de la talla de Daniel Mordzinski, y unos cuantos periodistas, conformamos una tribu atenta a escuchar a un Nóbel bárbaro en París.

Pensé encontrar a un escritor altivo, distante. Para mi regocijo, Don Mario fue al extremo simpático, cercano con su auditorio y cual estrella de Hollywood, este Sean Connery de la literatura mundial, se saltaba un guión que se conoce con puntos y aparte, abriendo paréntesis con anécdotas y comentarios que daban resultados de risas compartidas y complicidad.

Sólo él puede rendir un homenaje a Cortazár y a Borges con sus historias fantásticas imposibles de evitar ; no olvida a García Márquez, Carpentier, Octavio Paz quien bautizara París como la Capital de la literatura latinoamericana (durante décadas), todo desde los recuerdos anclados en su memoria. «En ese entonces el mundo descubrió que nuestro continente producía más que caudillos», dijo Vargas Llosa.

Don Mario en La Sorbonne

Enmarcado por Venezuela, por su libertad, por recuperar la democracia.

Haciendo un recorrido a través de los más notables novelistas, filósofos y hasta un escritor que escogió ser periodista, Jean-François Revel, hizo un homenaje a los grandes aportes de los intelectuales franceses y fue contando cómo ha variado su línea de pensamiento a través de los años. Su sueño inciatico al viajar a París la primera vez era devenir en «escritor francés», pero es gracias a Francia que se descubre como escritor latinoamericano. Vargas Llosa sonríe a los 77 años como si estuviese en 1969 llegando a París y respirando a Sartre, Camus y Malraux.

Esa nostalgia por las décadas entre los 70 y los 90 parece llevar un mensaje a través de susurros no dichos : «En 1969, llegar a París era encontrarse con Jean Vilar en el Teatro Popular, Ionesco en el Teatro del Absurdo, los debates políticos de altura bajo una dimensión intelectual gloriosa, hasta había buena televisión».

Es Jean Paul Sartre quien habría de marcar su creencia sobre la literatura y la política. Las obras El Muro y Qué es la literatura siguen transitando en su ADN. Sería Camus quien en el futuro destronaría a Sartre del pensamiento vargasllosiano. De allí «Entre Sarte y Camus», el famoso libro compilación de los ensayos publicados por mas de 20 años en revistas y periódicos.

Ellos marcarían su pensamiento de persona de izquierda en la vida; mas sería el escritor reformista Raymond Aron, a través de su visión liberal, quien le enseñará a reconciliarse con la democracia : «La izquierda nos ayudó a detestar la democracia como contenedora de los demonios de la sociedad».

Y vuelve a la literatura : Alexandre Dumas y sus mosqueteros lo envuelven en un trance de lectura; André Malraux le aportan una verdadera visión en La Condición Humana de qué es un terrorista; Los Miserables de Victor Hugo son un tránsito por la historia del sufrimiento del ser humano encarnado en su protagonista Jean Valjean. De pronto, como quien ha olvidado mencionar a un gran amigo, se disculpa y Madame Bovary hace una entrada magnifica al anfiteatro desde la mención de Gustave Flaubert. Balzac, Stendhal, todos se pasearon desde la voz de Mario Vargas Llosa.

 

«No podemos olvidar el universo que es la literatura, el inmenso aporte que hace a la historia de la humanidad, no podemos permitir que la literatura sea reducida a un divertimento, pues sin duda su efecto sería enorme tanto en lo histórico como en lo social. La vida en sí misma es insuficiente para materializar los deseos, solo la imaginación es capaz de producir respuestas. La literatura es un divertimiento (placer)  problemático».

 

Con un francés correcto y un acento marcado se va despidiendo, no sin antes hacer una inflexión destacable: «Comencé criticando a Sartre y, como ven, mi universo de contradicciones me obliga a cerrar de nuevo convertido en su discípulo, en el del primer Sartre, aquel que comprometía a la literatura con la política».

A Mario Vargas Llosa se le agradecerá por siempre el apoyo brindado a Venezuela en estas dos décadas de oscuridad, su pensamiento claro y el desenfado con el cual defiende sus ideas.